Mostrando entradas con la etiqueta Marcela Franco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marcela Franco. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de marzo de 2009

Día Internacional de la mujer

Primero: Si hay algo que nos revienta es la tilinga aclaración “y yo no soy feminista” hecha por alguna reporteada cuando se refiere a alguna de las injusticias seculares que sufren las mujeres.
Segundo: Esta nota está escrita en primera persona, porque es así. Y por primera vez, y tal vez no sea la última, va "en serio".
Los editores

Recuerdo de Marcela Ester Franco
Conocí a Marcela E. Franco cuando yo tenía 17 años, empecé a salir con ella a los 18.
Noviamos durante 9 años. Apenas convivimos unos meses en su departamento del barrio “La Mosca”, en Avellaneda, antes de romper la relación a fines de 1987.

“Pachela” o “Pache”, como le decían todos menos yo, fue estudiante de teatro, profesora de francés, de historia, socialista, militante feminista y gremial. Tenía un extraordinario sentido del humor, supo escribir textos humorísticos exquisitos que ojalá tuviera conmigo para editar en este blog.

Integramos juntos El Bolo Alimenticio, grupo de pintadas callejeras, durante la “primavera democrática”; su frase más celebrada: “De chiquita me pajeo con una cruz ¿seré católica?”.

Una noche, mientras pintábamos en la calle Salta al 1100, Marcela vió como un “oso” fajaba a una mina; salió primera, sola, cruzó la avenida San Juan corriendo pese a los tacos, esquivando los autos que venían a mil y, petisa como era, enfrentó al grandote. Para entonces la golpeada “dormía” y los demás del grupo intentábamos alcanzar a Marcela sin darnos cuenta qué pasaba. Cuando llegamos tratamos de parar a la bestia con la ayuda de unas “patinadoras” que paraban en la vereda de enfrente, en el bar Laser. Logramos echar al tipo y con la víctima mormosa fuimos todos, “Bolo” y “patinadoras”, a la guardia del Ramos Mejía. El médico de la guardia insistía en dar parte a la policía a pesar de que la pobre mujer, ya consciente, le aclaró que era paraguaya indocumentada. Una vez que logramos ”convencer” al galeno de que "se quedara en el molde”, nos fuimos a la sala de espera. En medio de la excitación que las "patinadoras" provocaban en la muchachada del Bolo, Marcela comparó la situación con el novelón del momento, en el que Arnaldo André le pegaba a Luisa Kulliok, lo que generó unas carcajadas tales que nos terminaron echando del hospital. Las "chicas" se fueron a trabajar y nosotros a pintar en los alrededores .

Marcela era extrovertida, generosa, constante, trabajadora, irónica e inteligente. Dichosamente multiorgásmica, mantenía sesiones amorosas maratónicas. Tierna, dulce y demostrativa, me dijo el piropo más hermoso que recibí en mi vida. Me convirtió, a fuerza de amor y de entrega, en un tipo mejor. Si alguien me enseñó a detestar el egoísmo, el mío y el de los otros, fue ella.

Como saben los astrónomos, no necesariamente son las estrellas más cercanas las que más brillan, estrellas lejanas pero de mayor magnitud brindan más luz. Junto a algunos amores que le siguieron “es toda la fortuna de mi corazón”.

No me hago ilusiones, se que no va a saber de este escrito, a los ateos nos gustaría que ocurrieran milagros, pero... Esto es para las que la amaron y valoraron, en especial para Cristina, Hugo, Pablo y Alejandro (no se si es conveniente para Tatana). A las feministas como ella les dejamos un tema de Chico Buarque, cantautor que adoraba y por el que atravesó una repleta sala A-B del teatro San Martín para que le autografiara un libro con las letras de sus canciones.
Solo espero tener fuerza para no traicionarla ni traicionarme y seguir en esta inútil beligerancia contra la muerte. La quiero recordar joven y bella.

Amorosa, joven, bella y amada, así vive en mi.


Guillermo Vivaldo, 06/03/2009



MusicPlaylistRingtones
Music Playlist at MixPod.com